¿Tengo una vida intensa? ¿Cómo estar más conectado con los buenos propósitos? ¿Cómo hacer para que las experiencias vividas sean memorables? Estas son algunas preguntas que se presentan en los momentos de reflexión sobre la vida.

Por mi trabajo he acompañando a personas y equipos de trabajo en sus procesos de desarrollo, y suelo escuchar con bastante frecuencia expresiones tales como: “No tengo tiempo para mí”, “siempre estoy pendiente de qué sigue”, “nunca es suficiente con lo que hago”, “siento prisa e insatisfacción”.

Me encuentro con casos de personas que buscan encontrar el equilibrio entre la vida personal y la laboral de manera equivocada, y en consecuencia pagan un alto precio. Esto, en principio, es por no saber cómo crear conversaciones significativas, profundas, y actuar en consecuencia.

Para lograr construir conversaciones significativas es crucial incrementar nuestro nivel de presencia en cada una de nuestras interacciones. Esto nos permite discernir entre las necesidades propias y ajenas, y sobre qué es lo realmente importante y significativo para nosotros y para los demás.

Es muy poco tiempo el dedicado a estar realmente haciendo lo que se hace. En la mayor parte de las conversaciones, mientras el interlocutor expone su perspectiva, estamos pensando qué contestar, acechando el momento en que decida tomar aire para clavar nuestra opinión preconcebida. A veces realizamos una tarea con el deseo de hacer cualquier otra; o haciéndola pensando en qué seguirá después de terminarla. Escuchamos música para leer, prendemos la televisión para hacer cosas por la casa, visitamos un lugar y en vez de contemplarlo, lo observamos a través de la pantalla del celular,  estamos en familia y mientras pensamos en los amigos, y viceversa. Solemos estar continuamente deseando el futuro y recordando el pasado, y así se nos pasa la vida presente de la que permanecemos ausentes.

La vida es más intensa en la medida que seamos capaces de estar más presentes. Si estoy realmente presente, cada detalle de la vida se torna apasionante. Cualquier cosa sobre la que se preste atención real y profunda brinda una experiencia única. Escuchar en conciencia una pieza de música percibiendo los matices y colores de cada instrumento al entrar y salir en perfecta matemática mueve resortes íntimos del alma, sí o sí; conversar con una intención clara de querer entender la forma de ver el mundo del otro desde el respeto irrestricto a su libertad nos une indiscutiblemente.

A mi juicio, sufrimos innecesariamente por conversaciones que no hemos tenido, o lo que es igual, por conversaciones desde la ausencia de nuestra presencia.

Para acceder a este estado de presencia es necesario tener una intención clara y determinadadedicar tiempo a la actividad, (sea la que fuere), y una actitud de total aceptación de lo que está aconteciendo. La presencia es el producto de un proceso, o una práctica constante: el “arte de volver a empezar”.

La presencia es aquello que le confiere intensidad, brillo y esplendor a nuestra vida. Es desde la presencia que se puede estar conectado con los propósitos significativos.  Estando presente es que la vida ordinaria se convierte en especial.

Este artículo está basado en los aprendizajes personales inspirados por varios Maestros como los de Eckhart Tolle, Dr. Alfonso Ruiz Soto y Fred Kofman entre otros.

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