Hay algunas diferencias entre la ambición y la aspiración. A continuación me gustaría mencionar algunas.

Mientras que la ambición es la personalidad buscando su confirmación en el mundo material, la aspiración es el alma buscando la luz y la verdad.

Mediante la aspiración, la persona busca ser mejor, ser real contigo mismo, es el desdoblamiento del ser, no tiene nada que ver con la acumulación de bienes y tampoco tiene que ver con ser pobre. La aspiración permite que todo lo que se tiene sea usado adecuadamente, y también ser exitoso de manera orgánica, sin hacer daño, sin engañar, usar, o explotar a nadie.

La aspiración nos protege de la tiranía de la ambición, mientras que en la ambición, el individuo no queda protegido del mal uso de su propio éxito.

Tomará tiempo desarrollar esta habilidad, pero el primer paso es decidir cambiar algo, transformar aquellos procesos destructivos que operan dentro de nosotros.

“El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional” -Buddha.

Entonces, la respuesta no está en la acumulación o la construcción de un nombre o reputación, sino en el desdoblamiento de nuestros valores que al final crearán una reputación que nunca muere, el mérito es el fin último del honor.

Las grandes reputaciones son asociadas a aquellos líderes y maestros de la humanidad. Ejemplo Buddha, la personalidad más amada en Asia, Confucio reconocido referente de la filosofía China, o Aristóteles gran maestro de occidente.

Todo el bien construye, todo el mal se destruye a sí mismo. Todo hombre que ha intentado romper las reglas, se ha encontrado al final siendo roto por las mismas reglas que intentó romper.

Lo más importante es que más allá de las diferencias entre uno u otro concepto, podemos desarrollar la habilidad de transformar la ambición en aspiración. Cada día podemos dar un paso a esta nueva realidad, hacia un pensamiento constructivo cuya meta sea la realización de la verdad, la justicia y el amor. Estas son los valores de un verdadero liderazgo.